Padre Ernesto Atanes R.I.P: In memoriam

El Buen Cura Gallego

 

Escribe Jimmy Burns Marañón

 

Con un profundo sentido de pésame nos llega la noticia de la muerte del Padre Ernesto Atanes, de la Capellanía Española y el Hogar Español en Londres que murió en su adorada tierra de Galicia, después de sufrir una breve enfermedad.

 

Desde que se instaló en la capital británica en 1971, respondiendo a una propuesta de los Padres Paúles, «porque hacía falta gente para ayudar a los emigrantes» la situación de los españoles en el Reino Unido ha vivido cambios muy grandes ya que en esa época España aún estaba gobernada por una dictadura y estaba fuera de la Unión Europea.

 

A pesar de los cambios, su vida siempre tuvo una constante –la de ayudar al más necesitado y de contribuir a un sentido de justicia social, comunidad y solidaridad humana basado en los evangelios.

 

Gran admirador del Papa Francisco, su conciencia le llevaba a preocuparse por la escasez de la vivienda en Londres y los altos precios de los alquileres, de los miles de jóvenes españoles y españolas que llegaban por falta de oportunidad en su propio país, y el sufrimiento de gente mayor o soltera que se sentía abandonada y sin asistencia social adecuada.

 

Me acuerdo una vez que me contó de una pobre anciana española de la vieja emigración que había encontrado en un inhóspito apartamento londinense, semanas después de haber muerto sin que nadie lo supiese.

 

En octubre de 2014, Atanes recibió la Medalla de Honor de la Emigración por su dedicación y trabajo a favor de los emigrantes españoles. Atanes la vio como un reconocimiento a todos los emigrantes. «Yo solo estoy aquí para servirles y ayudarles, pero ellos también me ayudan a mí. Es un reconocimiento para todos los que salieron de España. Es una medalla que me dieron a mí, pero pertenece a todos», le dijo a la periodista Rita Álvarez Tudela de la Voz de Galicia.

Atanes consideraba un lujo el poder viajar en ‘Low Cost’ de vez en cuando a su país natal, a Monterrei, en Ourense, Galicia, para ayudar a la familia y los amigos con las vendimias.

 

Era un hombre humilde pero también con una gran energía y sentido de compasión. Siempre tenía una puerta abierta al visitante en la Capellanía en Bayswater , y no dudaba en ofrecer sus servicios donde juzgaba que podían llevar a una solución benigna o una reconciliación, tanto en el mundo espiritual como el secular, fuese un colegio, un hospital, un departamento policial, o el Consulado.

Y también no le faltaba cierto coraje. Me acuerdo una vez que me conto como había intervenido para desactivar una trama de traficantes de drogas que estaba explotando a jóvenes españoles recién llegados al Reino Unido.

 

En general se distinguía por una gran discreción, y no era una persona que buscaba la celebridad, sino todo lo contario, huía de la publicidad, aunque no pudo escaparse de los homenajes que le

llegaron.

 

Entre los premios bien merecidos que recibió por su obra en Londres, figura el que le otorgo en 2016 el BritishSpanish Society por su ‘trabajo comunitario’ en la ocasión de la cena de Gala celebrando nuestro centenario.

 

En un principio, cuando le anticipé, como presidente de la Society, que queríamos homenajearle, solo se le ocurrió decirme que ‘yo no soy muy de Galas, ni de vestirme de Gala, ni grandes cenas lujosas, y los premios son para otros.’

 

Tuve que convencerle que compartíamos una buena causa social, ya que éramos todos voluntarios y la Society era una fundación sin ánimo de lucro cuyos fondos ayudaban al mundo estudiantil y al entendimiento y dialogo entre el pueblo británico y español.

Fue un gran orgullo, una necesaria presencia, tenerle entre nosotros, tan humilde como siempre, vestido de sacerdote, en presencia de nuestros invitados de honor la Reina Sofía y el Príncipe Andrew, Duque de York, y con más de 400 comensales vestidos de Gala, aplaudiendo su persona y su trabajo.

 

La última vez que le vi fue hace unas semanas cuando asistí a una de sus varias misas dominicales, en español en la iglesia de Our Lady of Dolours en el Fulham Road-una celebración, con una gran participación laica, con gente de todas las edades y de rango social, que se sentían claramente acompañados, y ‘en su casa’.

 

Le echaremos muchísimo de menos a este buen cura gallego. Que en Paz Descanses, querido Ernesto.